miércoles, 21 de noviembre de 2018

Amor en desuso.





Las endorfinas nublaron mi cabeza por muchos años, tu cuerpo se contorsionaba como una serpiente, tus besos eran húmedos como los del río Paraná, tus ojos dos gemas semi puras de peridoto que con una simple mirada me hacían temblar, hace muchos años ya, pero hoy, con más kilos, con más años y con más arrugas en los ojos, todavía hoy, me resultaba igual de evocador. El cerebro se hacia cada vez mas duro, menos plástico, lo que antes no era un trabajo y era un autentico placer, ahora era la más ardua de las tareas sobre todo por la singularidad de lo que quiero escribir. Antes sin guion el plumín rasgaba el papel, sin querer decir nada las musas se ponían hacer su trabajo. Cuando escribía se hilaban las ideas hasta hacer una historia mayor, ya lo dijo el poeta, el corazón herido tiene la facilidad de expresar los infiernos por donde pasa. Mi felicidad dejaba ausente de magia la escritura, por eso ya no imploré el favor a la diosa afrodita como lo hice tantas veces. Otras sin embargo releía mis melodías más ardientes, entre ellas, sonetos incombustibles, de sal, aire y sobre todo fuego. Ese día no me abrazaste mientras dormía, te sentí tan lejos que pensaba que te ibas a ir, que ya no volvería a tenerte entre mis brazos, las palabras monstruosas, barbaries que nos decíamos cada vez que el aire venía y se iba como venía el viento. Cada vez que escribía una carta de amor solo escribía sobre el tiempo, el tiempo que malgasté en decir, en hacer, en soltar, en pensar en el tiempo. Puse el grito en el uso y no en el desuso, ya ninguno de los dos decía palabras de amor, ya no se decía, ni se hacía, ni abrazos de brazos, ni besos de labios, donde el amor con el tiempo pone a las parejas en la verdad, un intrincado laberinto donde irremediablemente nos dirigimos al ostracismo más vil, donde solo unos pocos triunfan, donde muchos no vencen, donde la gloria no esta ni se la espera, donde nadie ve y todos sienten.



Mientras te esperaba el mundo se paraba, muchos minutos, horas, incluso días pasé en este espacio, con la única compañía universal del lápiz y el papel. Leiva cantaba que las luces estaban apagadas y las puertas abiertas, aquella canción la interrumpió una llamada. La llamada que esperaba me hizo destrozar el teléfono contra el suelo, no se si por la excitación, por la ira o por la indignación. Me quedé en blanco, sin palabras, la mandíbula se me quedó blanda, mi expresión me hacia parecer un lelo, no reconocí al monstruo que vi por el espejo retrovisor, me quedé asustado, estaba blanco, absolutamente desbordado por la compasión que salió de mi pecho, estaba deshumanizado.


No tenía nada, ni lo quería, solo quería estar a tu lado. El tiempo parecía estable cuando lo único que nos importaba era besarnos, realmente no había tiempos. Cuando el pasado se hacia presente y el presente se hacia futuro, sin querer ese tiempo pasó fugaz. Los diez años pasaron con agradable furor, ningún recuerdo enturbió el tiempo. Cada recuerdo era una cachoeira de sensaciones, lo que parecía lujuria se convirtió en amor, y el amor que parecía lujuria se convirtió en más amor. Una trasformación de sentimientos que realmente se mezclaban con admiración, cariño y sobre todo respeto. 


El tiempo se quedó parado, en esos relajantes momentos donde el tiempo se paraba, mirar las estrellas no era una pérdida de tiempo, escribir versos de amor era la vertiginosa carrera donde las historias enmarañadas de sentimientos no querían expresar nada. Otras veces lloraba ,no demasiado, las lágrimas estaban secas al salir de mis ojos. Los recuerdos son tan dolorosos y vividos que parecían reales. ¡Aquella maldita llamada! El dolor me hizo replantearme todas mis prioridades, viene hacia ti como un sordo estruendo, lo revives en las entrañas todos los días, el verdadero infierno esta aquí en la tierra. Y el resultado último es lo que entendemos por hacernos mas humanos, la herida se muestra días o en un lustro, pero el dolor se apaga hasta que lo sientes.


Cuantas lágrimas dejaron los dioses al amor mal correspondido, el galáctico conquistador de amor que con dolor, sudor y lágrimas escribió páginas enteras de locuras. A los poetas antiguos en contadas ocasiones les escuché recitar odas a sus amores maduros, ese añejo, al que los años deslucieron sus cuerpos, y algunas veces los impulsos primarios son ahora revestidos de recuerdos. Donde las pasiones físicas maduraron como el coñac, dotándolas con más cuerpo, con más matices, con un color totalmente nuevo. Las transformaciones individuales eran la gran tragedia del amor, si los dos no crecían en matices podrían desintegrarse por el camino. Pero si resurgía la magia las miradas de dos viejos enamorados todavía conseguía embelesar su cuerpo más que cualquier palabra de amor. Una caricia ponía todo mi cuerpo a flor de piel, nuestros cuerpos se conocían y el amor que venía a todas horas se apaciguaba. 
-Te quiero. Me dijiste. Te mire con ojos llorosos, 
-¡Yo no te quiero!-¡Yo te amo!. Y enjuagaste mis lágrimas con una sonrisa enorme, añadí: 
-Toda la vida es una mentira pero la más bonita es el amor. 
Nada parecía real, la música sonaba de lejos, el reloj marcaba las siete menos diez, una voz estaba todo el rato gritando que la caja estaba rota, que toda la tarde haciendo cosas, que mi tiempo vale dinero.


Las pequeñas gotas de llovizna caían como pequeños petardos en el cristal, el sonido se eclosiona con la aterciopelada y silenciosa soledad del parking. Ahora pasa con su calva mojada el guardia de seguridad que me mira con cara de pocos amigos, despegué la cabeza de mi ordenador, ahora está a más de cien metros, le veo de espaldas, con su chaqueta reflectante amarilla, mirando constantemente de soslayo, me parece hiriente por la sensación de ilegalidad del acusado y el acosador, al tiempo te acostumbras, son muchos kilómetros de espera. Me hubiera parecido vergonzoso en otro momento,, pero ya, eso no me importaba, al final el contesto te da la razón. Se seco la lluvia del suelo y los pájaros volvieron a contorsionarse por las macetas gigantes donde estaban plantados los árboles. Te amo, dije con labios vacíos, ya no sonaba tantas veces como en el pasado, pero cuando se escuchaba seguía siendo hermoso, el amor es un constante evolucionar, un silencioso combate de sonrisas, besos y caricias. Nadie necesitaba nada, eramos autosuficientes enemigos, amantes asexuales que nos fornicábamos con miradas y series de Netflix. Nada era como antes y tampoco lo necesitábamos. El complemento perfecto de una mentalidad creativa, donde la única verdad se cruza con la dolorida cotidianidad. Dolorosa y maravillosa cotidianidad. Que había más maravilloso que antes de cruzar la puerta de la casa te ponías tu pijama salpicado de rojo, tus bonitas crocs rosas. Las gafas se empañaban cuando el agua caliente se trasformaba en vaho, los pañales se trasformaban en basura y la vida golpeaba siempre con la dolorosa y maravillosa cotidianidad.

Este tiempo fue maravilloso, las llamadas de furia quedaron atrás, los dolorosos momentos que recubrían mi pasado se habían soltado como viejas capas. Grité al viento, me quede mudo, tantas veces realicé las llamadas necesarias, es maravilloso que los mejores años de mi vida se escriben día a día a tu lado. Cuando veía el tiempo y veía formada el comienzo de mi familia, daba gracias por iniciar esta gran aventura, ningún vaivén me planteo cambiar mi estrategia, dejé atrás el egoísmo, sentí por un ser más que por mi propia vida, todos los tópicos antes escuchados se hicieron realidad, me di cuenta que el más trasgresor de tus movimientos está seguramente escrito en la sabiduría popular.


Después de todo esto me preguntaste: 
-Amor, ¿que es el amor? -Yo sin pensar te dije:
-Dar todo sin esperar nada a cambio.




Entre el amor y la violencia, siempre acaba triunfando el amor. Abraham Lincoln.

jueves, 5 de julio de 2018

Ya no valen las palabras.




Ya no valen las palabras, las palabras son hilos conductores que llevan nuestros sentimientos al otro interlocutor, un momento se queda atrás, una vaga sensación crea un ambiente hostil. Y cuando un abrazo vale más, cuando una mirada es más que una palabra, cuando la sonrisa que me diriges es más que una palabra, los silencios dejan de ser esos silencios que son más que palabras claras. Palabras calladas que hacen sentir indiferencia, la única manera de seguir sintiendo, es resetear nuestra supervivencia para iniciar la palabra.


Cuando la soledad invade un circulo incierto, cuando la luz se apaga y piensas que no hay vuelta atrás. Cuando no valen las palabras y el pasado se junta con el presente, y el futuro se emborrona como una acuarela aguada, en el momento que vivir duele y el dolor no te deja. Cuando las palabras son absurdas interrupciones necesarias para vivir, pero que nos hacen mostrar más oscuridad que claridad.


Cuando las nubes color ocre, se tornan anaranjadas y se deslumbra un anochecer de besos y abrazos donde las palabras sobran. Cuando las palabras no son instrumentos para nada, solo obstaculizan lo que queremos decir. Nos bloquean, no nos dejan expresar las palabras vacías. El tiempo hizo que el silencio nos doliera igual o más que las palabras ardientes. 


Te quería, no tenia el valor de decirlo, pensé que mis abrazos y besos eran suficientes. Aunque me decías de forma insistente que te hacía falta, la ausencia de palabras me hacia ser sordo de ti. 
-¿Ignorancia o silencio? -Lo gritó con su subconsciente. Sus labios se colapsaron al intentar pronunciar esas palabras, entonces sin mirar atrás te diste cuenta, gritaste con el dolor, con la soledad, con tu corazón.
El aullido mas aterrador que escuche en toda mi vida fue aquel momento en el que te diste cuenta y sin querer mormuraste—¡Y SI YA NO VALEN LAS PALABRAS!

jueves, 26 de abril de 2018

Maestro quiero ser sabio.




Poema del guerrero

El guerrero tiene que luchar por un camino hacia la paz.
El verdadero guerrero es invencible porque nunca lucha con nadie.
Su enemigo es él mismo, porque es él que se pone limitaciones. 

La violencia crea una satisfacción instantánea, la cual te hará sentir invencible, 
pero cuando pase esa sensación, solo tendrás dos opciones: 
Necesitarás más para no sentir el pesar de tu alma o necesitarás veneno para no sentirte toda la vida herido. 
Se como el guerrero que cuando es capaz de desprenderse de todo es realmente libre.


Maestro quiero ser sabio.



Era una mañana otoñal, donde los pájaros buscaban estar junto al otro, con eso provocaban calentar sus húmedas plumas, el canto se había apagado hace ya unos cuantos meses, el arce estaba hermoso,  sus colores ocres daban al camino la verdadera estación que se vivía.  Mientras tanto el maestro sorbía la taza que tenía en los labios. Y el alumno ansioso preguntó como un dardo certero lo que su alma no sabia explicar.


—Maestro, ¿por qué ansío lo que no es mío?
—Vive tu vida, no seas necio, sentir y vivir la vida de los demás es un error. Querer vivir la vida que no te ha tocado es olvidar la tuya propia. El camino de la verdad está alejado del placebo de poseer. Las únicas emociones que perduran son las abstractas, las que inexplicablemente son difíciles de explicar. El camino de la salvación tiene muchas verdades, la mayoría de las veces no es fácil llegar hasta allí. Aunque hay varios caminos, el respeto es el más correcto. Si te respetas, respetaras y seras respetado. Las posesiones son insignificantes símbolos que nos retrasan en el camino de la sabiduría, reflejan el miedo y las carencias internas que te hacen sustituir tu vació interior por vació exterior. Tu motivación interna es una lucha en la cual tu sentimiento de frustración debe morir y así renacerás para realizarte. Sentirás un miedo irracional y lucharás con tu mayor enemigo, tú mismo. Descubrirás un monstruo que tú solo puedes vencer, lucharás como un samurai para poseer todo tu ser, pero no corras, respira, bebe y come, eso es cuanto necesitas. Tu mismo eres el dueño de tu destino. Imagina que todo tu tiempo lo gastases en sobrevivir, que no tuvieras nada, solo la naturaleza y tu vida. No pensarás, no llorarás, seguirías luchando con más ahínco todavía. Todo tu empeño sería simplemente sobrevivir. Todo lo demás seria superfluo, no necesitarías nada.  Imagina si fueras un niño, necesitarías calor,  es decir una madre y en el comienzo de tu camino necesitarías un maestro, un padre. Un maestro para aplicar los fundamentos básicos de la vida, para que te dieras cuenta del maravilloso milagro que es simplemente respirar. Te enseñaría la voluntad innata de dar antes que recibir, te explicaría tantas veces como necesitases cuál es el verdadero significado de la vida. Y un día sin previo aviso, saldrás de mi regazo, ciego pero recto y con el tiempo, ese sí, el más inteligente de los doctores, te guiará por el camino que he intentado que encuentres. Volverás a renunciar, a necesitar otra vez lo básico y aprenderás que todo lo demás es superfluo, todo es un complemento mágico que hace más excepcional nuestra vida, pero en ningún momento es necesario. Y sobre todo cuando estés en el lecho de muerte, podrás vanagloriarte de tu vida, no la habrás desperdiciado solamente queriendo superar a otro, si no superar como ya comenté a tu mayor enemigo. Cuando nacemos nuestro corazón es puro y dulce, cercano al de un dios, pero cuando pasa el tiempo y la personalidad se va desarrollando si la formación es errónea, te encontrarás con la tesitura de que el hombre es bueno por naturaleza y ese sera un error, igual de error es asumir que es malo. Las circunstancias hacen distintos seres, pero el camino del sabio solo es uno. Los mismos maestros lo dicen, el que siente la llamada dará vueltas como una peonza y muchas veces el recorrido será más largo, algunas veces más tropezara y otras ni si quiera girará. 

Giró la cabeza y se quedó mirando como soplaba el viento en las hojas de los árboles. Respiró profundamente y volvió a la carga prácticamente sin descanso.
—Pero recuerda, como dijo el sabio hace mucho tiempo: "Nunca permitas que nadie, absolutamente nadie, perturbe tu paz y tu libertad. Cada vez que permites que alguien te maltrate, ya sea física, verbal o emocionalmente, estás permitiendo que perturbe tu paz y tu libertad, y por tanto, no aprendes la lección y ésta se va a ir repitiendo una y otra vez, con distintos escenarios y personas. Nunca perturbes la paz y la libertad de otra persona, animal, la naturaleza, la madre Tierra, etc… Todo está vivo, y todo debe ser respetado. Mientras perturbes la paz y libertad de otro ser sintiente, estás generando sufrimiento y karma, que se te devolverá en su momento; experimentarás el mismo sufrimiento que generaste, como ley de equilibrio y consecuencia. El amor incondicional no se trata de decir a todo que SI. No se trata de permitir todo. No se trata de que los demás perturben tu paz y tu libertad y tú no les pares los pies o te alejes de ellos. El amor incondicional te enseña a saber decir “No” cuando alguien está perturbando tu libertad. Busca siempre tu equilibrio, aprende a saber decir “No” y a alejarte de todo aquello y todos aquellos que no te respetan y que actúan manipulándote para que seas su esclavo. Por otro lado, aprende a respetar la opinión de los demás, sobretodo de tus seres queridos. No quieras que ellos sean como tú quieres, y no quieras que hagan lo que tú deseas; respeta su paz, su libertad, y la vida te respetará a ti. Pero recuerda, aquél que no se respeta a sí mismo, no sabe respetar a los demás y permite que no le respeten. Empieza por ti."


- Maestro. ¿porque la mayoría de los hombres no admite otras creencias y opiniones distintas?
- Muchos seres humanos son débiles, insensibles y sobre todo incoherentes. Cuando alguien no está de acuerdo, lo ético es brindarle con respeto otra opinión. Pero para los débiles su mejor defensa es un buen ataque. Su primera opción es despreciarlo. Si no calla, su segunda opción es la violencia y en tercera opción cuando nada ahoga su voz ni siquiera la violencia, es la de terminar con su voz.
- ¿Porqué maestro?
- Hay muchos porqués, pero solo una causa.
- ¿Cuál maestro?
- Antes de ser racionales, fuimos irracionales, para sobrevivir la armonía que debía existir era radicalmente opuesta al concepto civilizado que reina en nuestros días. Y no pocas personas han dejado de sentir la raíz de esa rabia que nos hizo animales con sentimientos.
- ¿Maestro porque usted no es violento, sabe escuchar y explicar?
- ¡No te engañes!, - en su voz se escucho una dureza enterrada-- Yo hace años no era el idílico maestro al que tanto respeto y veneración tienes. Trasforme cuatro reglas sencillas en mis pilares fundamentales. Primero aprendí a diferenciar con admirable perfección que lo que se habla no se siente, y lo que se siente muchas veces no se habla, sobre todo cuando se habla muchas veces no se sabe nada. La segunda es que antes de escuchar a los demás y ver el dolor ajeno, siéntate y piensa que está pasando realmente en su mente. La tercera y no menos importante haz lo que dicte tu corazón, es difícil ser distinto, un guerrero se siente bien entre rivales distintos, no tiene miedo a sus oponentes, si no respeto. Al inconsciente realmente lo que le hace vulnerable es el grupo callado, que actúa como uno solo. Y por último el cuarto y sobre todo el más importante, todas las criaturas son hermosas, la vida no debe ser mancillada por nada.  Aunque muchas veces tendrás esa dura disyuntiva entre tus manos, y en ese momento no debes dudar, porque quien hace mal y tiene el animal marcado, no dudará ni un segundo en matar al sabio, al niño o al hombre. Tiene que ser castigado porque ese mal no puede ser controlado. La violencia crea una satisfacción instantánea, la cual te hará sentir invencible, pero cuando pase esa sensación, solo tendrás dos opciones: necesitarás más para no sentir el pesar de tu alma o necesitarás veneno para no sentirte toda la vida herido. 


—¿Qué dificultades más atroces me tocaran vivir, maestro?, ¡Tengo miedo!.
—El camino del sabio no es fácil, ver más allá de lo que a priorí ve la gente es peligroso. Es un camino solitario en el cual la soledad hace mella. Aunque te sientes recompensado por un mar de sensaciones que cada día solo tú sientes, serás discriminado y humillado por los que no son capaces de visualizar, no te entenderán, te sentirás desconsolado, dolorido, absurdo y sobre todo muy solo.  ¿Ves aquella flor?—dijo el maestro con un tono musical que llegaba a penetrar en el corazón. —Si, maestro.—Ves sus lindos pétalos, desde aquí puedes ver su color rojo, cierra los ojos, concéntrate en ella, ¿Hueles su fuerte aroma? Ni el mejor perfume puede emularlo. Ves su tallo verde, fino y fuerte. Esa creación es única, maravillosa, de una simple semilla que mide unas micras, solo con agua, tierra, sol y aire, sale de la tierra una vida impresionante.
—La belleza es exuberante. —Dijo entre dientes el alumno. El maestro se paró, su cara se había mutado a una expresión de felicidad y de cariño que expulsaba de dentro hacia fuera. Su belleza es por la que tienes que ser valiente cada segundo, así tendrás la sensación de comprender al creador, es una sensación única e irrepetible y con ella tendrás el valor para pasar cualquier atrocidad, lo que para muchos son minucias para otros ojos son verdaderos milagros.

Pero el silencio no duró mucho tiempo y la curiosidad del muchacho volvió pronto, con una curiosa pregunta.

—Maestro ¿porque la gente se deprime?   
—No nos enseñan amar lo nimio, como ya te expliqué si amaras la flor que por la mañana se despierta y enseña sus pétalos, comprenderías cuál es el verdadero milagro, te darías cuenta aun más de que tu eres también parte de ese milagro. Un portento maravilloso que puede transformar su alma en lo que quiera, ellos sólo aman su ser, piensan que solo ellos son el mundo. Ama lo baladí y amaras el todo. Vivimos en un mundo trivial, se afanan en un consuelo empírico, dejando solo todos sus demonios internos, la mente es dúctil, la manejabilidad no debe de reconocer miles de mundos, la experiencia de los hechos no te va hacer más humano. La mayoría de las enseñanzas predisponen a poseer, poseen dinero, poseen tierras, poseen a otros y no poseen tiempo para interiorizarse consigo mismos y llegar a conocerse. Competimos en una carrera loca, en la que la mayoría de las veces solo termina con la enfermedad, una mala interpretación de las enseñanzas. Una indestructible capacidad de ofrecerse a si mismo la compasión de una mentira, confundir todo lo bueno para sentirse triste y no desperdiciar la vida en pozos sin fondo. 
Poseer no te hace más feliz, realmente la vida se hace insignificante, no has sabido distinguir la avaricia con la necesidad y has perdido tu tiempo, en momentos absurdos que no han valido nada, has menospreciado tu vida y de los que te rodean, hoy todavía estás a tiempo. No has criado a tus hijos, no has vivido la vida que querías, no has sido escritor, matemático o arqueólogo. Y has creado necesidades absurdas que no existían, son opiácios necesarios que te retienen estigmatizado viviendo vidas de otros. Y únicamente cuando te pase algo realmente monstruoso pondrás los valores de tu vida en una balanza correcta. Se valiente, medita, respira y recupera tu mente de niño. Así recuperarás los inservibles aprendizajes y aprenderás otra vez inmaculado como un santo.

El viento movió las hojas, su madera antigua presagiaba sus años, cada primavera volvía a sentir su vida, con la eclosión de las jóvenes yemas. El sabio contaba con la sabiduría del árbol, la paciencia de la inmovilidad, la virtud de no hablar y observar el tiempo, los dos eran sabios y viejos.


—Maestro, ¿porqué tengo miedo de hablar en público? 
—No tener valor es una situación atípica, el miedo nos protege del dolor físico o mental. El dolor acaba a los pocos días, pero el dolor de la cobardía te repercutirá siempre. Mi propia cobardía se presenta muchas noches antes de dormir, pero la alejo de mi, no me sirve, para que llorar por las cosas que pude hacer, porque torturarse con el pasado. Recuerdo aquel proverbio “en la vida hay tres cosas que no vuelven atrás, la flecha lanzada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida.”, no merece la pena recordarlo, pero si correr eficazmente a remendarlo. - el maestro se quedo mirando ensimismado el aleteo de las anaranjadas hojas. Sus cejas se arquearon y se dispuso otra vez hablar.
—Nunca tengas miedo de emprender, nadie es bueno por la simple teoría, antes de hacer cualquier cosa tienes que luchar, mejorar, tienes que intentar no mirar a los demás y ser simplemente libre. Tu eres importante, si tu no te amas quien te va amar. Si no te respetas quien te va respetar. Si no intentas te quedarás estancado, y te marchitarás como la flor. Si te marchitas te costará mucho tiempo otra vez deslumbrar al sol con tu belleza y habrás creado una herida que a lo mejor no vuelve a sanar.

—Maestro, ¿que es la felicidad?
—Como dijo un gran sabio "la felicidad se consigue cuando lo que uno piensa, uno dice y uno hace están en armonía." Cuando tu alma, tu cerebro y tu ser estén en comunión tu vida estará en la sintonía apropiada. La felicidad es la facultad maravillosa de sacar a los malos momentos una sonrisa, si tu le das la vuelta a la situación y lo practicas, te darás cuenta de que todo cambia, tu ser y toda tu vida se unirán en una conjunción de felicidad.


—Maestro, ¿como puedo ser sabio como usted?
—Cuando salgas de aquí, pensarás que es una tontería que el sol que sale por la mañana se rige por unas fuerzas excepcionales que parecen fáciles fórmulas en las teorías de Newton, que el árbol que lleva viendo al ser humano más de quinientos años es un ser más irracional que racional. Donde tú solo ves eso yo veo la verdadera sabiduría.
El misterio no es sólo ser sabio o parecerlo, es cambiar, mejorar, dejar atrás lo inútil, amar siempre, pero sin inundarse y reconocer que los humanos tenemos limitaciones. Limitaciones que en la mayoría de los casos nos hacen más hermosos, más perfectos, porque la imperfección es perfecta y es hermosa. La vida es un milagro inexplicable, sabio es aquel que comprende, sabe que la violencia no lleva a ningún sitio, está tranquilo siempre, sabe por experiencia que no vale de nada expresarse si de su boca no van a salir cosas maravillosas, no sabe todas las preguntas pero si todas las respuestas.

Las mariposas revoloteaban, hacían movimientos zigzagueantes que las hacían parecer bellas luces en el campo. Sin un momento el alumno volvió a la carga.

—¿Que es la soledad maestro?
—La soledad es innata al ser humano, el nacimiento como la muerte es en soledad absoluta, nuestra conciencia nos hace sentirla. Puedes estar rodeado de cientos de personas y sentirte solo, y gente sola que se encuentra totalmente acompañada.


El maestro miro el maravilloso atardecer, los tonos ocres se difuminaron con los bellos amarillos, aquel joven sería un espléndido hombre, pero antes tendría que encontrar su verdadera sabiduría.

"Carpe Diem", 

Aprovecha el día.
No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz,
sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el
derecho de expresarte, que es casi un deber.
No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario…
No dejes de creer que las palabras y la poesía, sí pueden cambiar al
mundo; porque, pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.

Somos seres humanos llenos de pasión, la vida es desierto y es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra
propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa.
Y tú puedes aportar una estrofa…

No dejes nunca de soñar, porque sólo en sueños puede ser libre el
hombre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un
silencio espantoso. No te resignes, huye…

“Yo emito mi alarido por los tejados de este mundo”, dice el poeta;
valora la belleza de las cosas simples, se puede hacer poesía sobre las
pequeñas cosas.

No traiciones tus creencias, todos merecemos ser aceptados.
No podemos remar en contra de nosotros mismos, eso transforma la
vida en un infierno.

Disfruta del pánico que provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridades.

Piensa que en ti está el futuro, y asume la tarea con orgullo y sin
miedo.

Aprende de quienes pueden enseñarte. Las experiencias de quienes se
alimentaron de nuestros “Poetas Muertos”, te ayudarán a caminar por
la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros, los “Poetas Vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti, sin que tú la vivas…

Walt Whitman




domingo, 7 de mayo de 2017

Mama












Recuerdas aquella canción de cuna, aquella que sonaba en la lejanía, en los brazos, en la cuna. Hoy la escucho en mi cabeza, ha sido repetida y versionada por sílabas certeras, enriquecida con ripios, algunas con palabras cercanas que acurrucaban al durmiente. Es suave la melodía, aunque no quiera dormirme, me motiva cuando estoy triste, la canción vuelve como alivio al alma. Los sonidos sonaban, no recuerdo si por fandangos o por alegrías, en un escenario grande con aullidos pequeños, los aplausos llegaban. Aunque las nanas si se cantan con amor no importan de tono, timbre o ritmo. 


-Mamá te quiero - dije gritando al vacío, te abracé en la soledad de mi pensamiento, el miedo, si, el absurdo miedo, sentía dolor por no pronunciar, por no decirte todos los días que te quería. Ese nudo en la garganta que nos hace tropezar, que nos hiere irremediablemente y que nos hace más vulnerables. El miedo es el más incapacitante de las emociones, al valiente le hace temeroso, al bueno despiadado y al amado se le hace el olvido. Como el movimiento del mar todo sucede sin darte cuenta, mientras la imperceptible marea sube el agua.


No es buen corazón es simple misericordia. Lo pasado pasó, y el presente está abierto para aquellos que quieren vencer la adversidad. No somos otra cosa que recuerdos moldeados que no tienen color. Nunca te vi sufrir, nunca te vi rendirte, nunca te vi desfallecer, nunca vi que aflojaras el pulso, nunca te vi llorar aunque en lo más profundo de tu corazón estuvieras desolada. 



Canciones a mi abuela, Isabella.

Un rotulador de color blanco
que es de color naranja como
los corazones son rojos expresan
el amor que te tengo abuela.

Salen las luces al puerto
en la luz de mi cariño.
Las flores salen.
Abuela te quiero.


Isabella y papa.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Vida, solo pido vida.


La noche estaba empezando, la lluvia envolvía todo, como la oscuridad envuelve a la luna, adornando su universo para ser la pieza más sensible, la compañera más melancólica de las estrellas. Mi corazón estaba frío, había sentido demasiado. Aquella noche olía a sudor, un olor metálico-dulzón envolvía mi cuerpo, todo se adueñaba de mi, la jornada había sido dura, el corazón estaba activado, dolorido, destruido, casi muerto, simplemente me quede inmóvil viendo durante minutos la luz de mi despertador que reflejaba en el techo las horas que habían pasado en esa dura madrugada. Me sentía exhausto, era tan delicado como la flor que es recién cortada, era un ser frágil e indefenso. No era un luchador, ni tampoco un valiente, era de los que me ocultaba cuando había problemas, era de aquellos que corría cuando los otros no soportaban mirar hacia otro lado. Sí, había luchado, pero me sentía vencido, hundido, no sé si podría volver otra vez a pelear, el golpe era solo psicológicamente proporcional a lo mismo que tu corazón siente. Había entendido que a las normas naturales no se las podía vencer. El tiempo era para los adultos, yo quería ser igual que un niño que no ve más futuro que el que vive en ese momento. Las lecciones se aprenden a cualquier edad, las leyes universales que están escritas y que nos dan fuerza están muchas veces ocultas en los misterios de la naturaleza. Aquella noche no podía deslumbrar todo lo hermoso que tenía la vida, solo sentía dolor, un dolor especialmente amargo. Nadie sabe el dolor, nadie sabe las palabras que se quedaron en la oscuridad, ya no sabía nada, no entendía por qué luchaba, no sabía por qué debía hacerlo. Nadie nos enseñaba a tener una vida sin volver a tener contacto. Así sin palabras nos dejó extenuados la vida.
"No quiero pensar porque no quiero que el dolor del corazón se una al dolor del pensamiento." Emilio Castelar.
En recuerdo de mi Tia Joaquina.

sábado, 2 de julio de 2016

La agradable cotidianidad.



Estaba como un grumete en la popa de un barco. Desorientado, traspuesto, agitado con incansables náuseas. Había comenzado una sopa de letras aquella mañana, tachada se me resistía, me llevó más de quince minutos encontrarla, parecía otro día más. Pero por arte de magia como pasan las cosas que no tiene mucho sentido me sentí conmocionado. 

Eso ocurrió mucho después de haberme levantado. Hice pis, me lave los dientes y rematé la jugada con enjuague bucal. Recorrí un laberinto hasta llegar a la cocina, molí café, tenía la boca seca y bebí un poco de agua. Puse la cafetera, una nesspreso de acero inoxidable de dos tazas, la inducción en menos de dos minutos había llegado al punto de ebullición. El torrefacto café salía silbando, esparciendo su aroma por todos los lugares de la casa, era tan fuerte el olor del café arábigo que si no sabías donde estaba la cocina un mapa de olores te llevaba hasta allí. Baje las escaleras de dos en dos, rápidamente compre una barra, era blanda por fuera más aun por dentro, crujiente, tierna, blanca, esponjosa y sobre todo recién hecha, todavía estaba calentita. Saque queso havarti y mortadela siciliana, las lonchas eran finas, no traslúcidas pero si con consistencia suficiente para hacer un bocadillo de un rey. La bandeja era un bodegón, una manzana, una coliflor, un melón pepinero y unas piezas de caza. Coloqué café puro en una taza azul, cuando mezcle la leche, la gravedad hizo su efecto descendente, por un arte místico una marea ascendente mezclo el café sin necesitar cuchara. En el lado derecho un pequeño jarrón de madera, sobresalía una flor amarilla que había recogido Isabella en el campo. El pivote de plástico mediante rozamiento había producido un exquisito zumo, en la izquierda un vaso de naranja recién exprimido. Después de un minuto el típico sonido del microondas me advertía de que ya estaba caliente, cogí el café y lo puse en la bandeja encima justamente del plato donde llevaba el bocadillo, su composición era de catálogo, era tan apetitoso que me sentí orgulloso de mí mismo. El laberíntico recorrido al dormitorio era un claustrofóbico pasillo que parecía una broma macabra. 

Todo cambió, de repente la habitación se iluminó, un sol radiante entraba por la ventana, fue inesperado, casi mágico, algo mareante, revueltamente nauseabundo, me dejo transpuesto, insomne. Al ver su mirada lo que llevaba años sintiendo eclosiono, era simple amor, la inabarcable sensación que ningún poeta había sabido describir por las múltiples tonalidades que tenía.

domingo, 12 de junio de 2016

Saudade.




Por las mañanas cuando despertaba se quedaba viendo las olas, el hipnótico azul, la brisa marina, el color anaranjado de las nubes desvelaba el amanecer, tenía la capacidad de distinguir el olor de la salitre, conectaba mágicamente con todas las partículas de su cuerpo.

 
Llevaba sus hawaianas puestas y un pantalón vaquero desgastado, fumaba pausadamente un puro, en las horas nocturnas parecía un faro. Se arrimaba al agua cuando se sentía triste, se abarloaba con su vieja barca en la marisma y así volvía rápidamente a su estado natural, la alegría. La salitre rápidamente se pegaba, sus labios agrietados sentian un alivio instantáneo, rotos por el viento que los rozaba. Siempre le había sorprendido la mágica relación del céfiro con la piel. 


Los momentos cuya melodía nocturna le acunaban, dormía pronto, pero cuando la mar estaba en pausa, toda la noche podía estar despierto añorando su tranquilizador estruendo. Anhelaba con tanta fuerza la mar, que desde que sus ojos no la veian sentía saudade, sobre todo cuando descansaba su cuerpo en la roca salada. Siempre le había gustado esa palabra, antes incluso de saber su significado, la mágica espiritualidad de los símbolos escritos lo abrumaba prácticamente hasta la locura.


Todavía recordaba esa noche, su cara era todavia joven y no llena de vertiginosas arrugas. Una bella mujer, unos ojos negros grandes como los de un gato, pelo ensortijado hasta la cintura, su cuerpo tostado contoneaba una cintura estrecha con unas piernas inmensamente largas. Había pasado semanas lanzándole miradas suntuosas, durante dos días busco sus ojos por todos los sitios pero se habían ocultado, estaba desaparecida. En la salida de una puerta almidonadamente adornada cogio furtivamente su mano, su boca rozó su oído, entonces escucho con tonalidad musical esa palabra, todavía recordaba la horda de sensaciones sin disciplina que recorrían su cuerpo inexperto. Las noches en que bebía recordaba, y cuando recordaba solo sentía que el que no tiene nada solo sostiene su presente con los hermosos tiempos del pasado.


Inhalo con fuerza, sus pulmones se llenaron de oxígeno, se sumergió en su elemento, bajo rápidamente a dos metros de profundidad para coger caracolas. Los movimientos armoniosos le conferían un aspecto de delfín. Si no sentía la mar sentía saudade.

martes, 24 de mayo de 2016

El vigía.






La ventana oscura no dejaba ver el amanecer. La chaqueta estaba ajustada, desgastada prematuramente por los codos. El pantalon oscuro tenía el tiro largo. Me quedaba suelta la camisa, era dos tallas más grande. La defensa en su sitio.


Un cristal roto, vandalismo salvaje otra noche, dimos parte. Mi compañero tarareaba algo, parecía contento, por lo que pude intuir su hijo había sacado mejores notas de lo que pensaba. Bajamos del vagón, un grito, corrí, un sollozó, un abrazo, un retorno, las sirenas llegaron, todo acabo. La estación estaba vacía, la paz había vuelto, él volvía a  tararear.

domingo, 1 de mayo de 2016

¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?



- ¡Oh! querido Sancho,  ¿qué ven mis ojos?. ¡Allí!  A lo lejos mis Google glass ven lo que parecen ser gigantes.

- Don Quijote, el zoom óptico de las mías,  solo deja entrever lo que son las aspas de un molino. Sin lugar a dudas la inclinación del sol, el trigo amarillo refleja su color y ciega vuestros ojos.

- ¡Imposible! Lo que ven mis ojos son gigantes vestidos de blanco,  sus espadas son altas, de más o menos unos veinte pies. ¿No escuchas Sancho los gruñidos?--dijo don Quijote con voz de enfado.

- Mi señor los rugidos son las muelas de los molinos, que al movimiento de las aspas mueven los engranajes. Es tan leve el sonido que mis viejos oídos no lo llegan a escuchar.

- Mala suerte la mía querido Sancho, mi varita no funciona, los duros achaques que me sobrevinieron me hicieron tropezar encima de ella. Bien sabes que de un solo requiebro de mi muñeca hubiera echo desaparecer a esos malignos gigantes.

- Eso no lo dudo, aunque soy analfabeto, de esos inocentes que saben leer y escribir pero a los que les cuesta discernir las más variopintas situaciones,  no es que me guste presumir de mi ignorancia pero uno con la edad sabe sus limitaciones. Sabía de su amor por los libros de fantasía, de su meticuloso estudio sobre la verdad de Harry Potter y la fuerza oculta de Gandalf en los reinos escandinavos. Sabiendo como dice don Pero Perez ''La mitad veas, la mitad creas'',  quería advertirle que eso no son gigantes son simples molinos de viento, su sed de aventuras está nublando su buena vista.

- No estás hecho para este asunto, cuando nuestras gloriosas gestas se escriban, bien sabes Sancho que nuestras aventuras en el tiempo serán la pasión desmedida de un escritor, sabiendo pues que se suele escribir por habladurías. Nosotros tendremos la gratificación intrínseca de la propia escritura, buscaremos nuestro futuro, déjame y en un minuto te lo demostraré. Que aunque sea sólo con mis puños los venceré.

- Sí, mi señor,  pero lo mejor sería... -- dejándole con la palabra en la boca salió como loco que lleva el diablo, con los ojos ensangrentados, su caballo de acero hizo un surco en la amarillenta cebada. El golpe fue tal que dejó todo su cuerpo magullado.


- Ya le dije yo que eran molinos de viento. --gritaba Sancho mientras montaba a Rucio.

Sus primeras palabras fueron tartamudas revelaciones.

- No, eran malditos gigantes, ellos cambiaron su cuerpo y eran molinos. Os juro que así fue.

Sancho le ayudó a levantarse, no sin dificultad consiguieron montarlo en el destartalado Rocinante, sin más queja siguieron su camino, sabiendo que un mago de la orden de Merlín y su escudero iban surcando La Mancha.

jueves, 7 de abril de 2016

Siento miedo.







Siento por ti, por tu hijo, por tu padre.
Siento un miedo atroz.
Siento que el miedo me atrapa.
Siento que la gente no siente.
Siento cerca al mago de Oz.
Siento resignación sin pausa.
Siento que el futuro está escribiendose.
Siento que todo pasa muy veloz.
Siento al león sin valor, sin vida.
Siento la guerra, su certero y brutal choque.
Siento al espantapájaros sin cerebro, sin voz.
Siento al hombre de hojalata sin corazón, sin rendirse.
Siento que Dorothy se quedo sin niñez y se convirtió en un lobo feroz.


Siento que ya no hay ilusión 
pero si demasiada información. 
Mucha mentira con temor
así se fabrican hombres sin amor.
Siento solo dolor en las noticias sin corazón.
Siento una profunda oscuridad en el cambio, en la magia, 
en el ilusionismo de gente muerta de pensamiento, 
que son estatuas sin recuerdo.
Siento locura en lo banal y cintura en el ojal.




''Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.''
Don Quijote de la Mancha, segunda parte capítulo XI.
Miguel de Cervantes 


jueves, 24 de marzo de 2016

Forjado a fuego.


El nacimiento de un hijo de acero.




A los diez años sentí la fuerza de la forja, el acero se transformaba en mis manos, en cada martillazo notaba el movimiento, la tensión de los átomos me decían la fuerza que tenía que trasmitir. Sabía, como una verdad impuesta desde la cuna que tenía que hacer para que no se partiera, notaba la vibración que producía el metal vivo. Lo trataba con mimo, intentando que su alma inerte saliera a la luz, el acero incandescente arrugaba su forma por las fuerzas implacables del yunque y el martillo. En el cobertizo donde el calor era asfixiante estaba a punto de hacer el corte térmico, templaba el acero para darle consistencia a la hoja, a setecientos cincuenta grados entraba en el agua, sentía lo mismo que el pintor al fluir la brocha por el lienzo desnudo, algo que no se podía describir. Un cosquilleo me bajaba del cuello, mi imaginación me transporto a otro lugar, unos cuantos de miles de años antes, donde un hombre realizaba su primera espada, ese viejo amigo que le diferenciara de la vida o de la muerte, esa obra de arte la cual le valdría para defenderse o para poder cortar la carne. 



Aquella primera vez nunca la pude olvidar, el olor de la fragua, el humeante café saliendo de la vieja cafetera, el sonido constante de los metales, la rotura de la madera, la transformacion en brasas de un trozo húmedo de árbol, la mágica metamorfosis de la vieja alquimia. Mi forja era arcaica, lo más prehistórica posible, daba calor con un fuelle de cuero viejo cuyo uso era lo más parecido al contacto salvaje y antiguo que había visitado el ser humano. Cuando el fuego asumía una temperatura considerable y caldeaba más el ambiente, mi concentración también iba en aumento. El sudor resbalaba por mi espalda, el cuello de mi camisa estaba empapado, mi frente parecía un manantial, mis músculos estaban en tensión, las fibras musculares eran carreteras que llevaban a mis tendones actuar como un resorte, mi codo empujado por la estimulación eléctrica de mis nervios hacía que me sintiera radiante, totalmente vivo, solo el que crea renace de sus cenizas. 


Dormí con esa espada durante años, fue una extremidad de mi cuerpo por mucho tiempo, viajé incansablemente con ella, mirando, observando, interiorizando lo aprendido, visualizando y mejorando. Cada vez creía más, sabiendo que cuanto más aprendía menos sabía, pero más cerca estaba de la verdad, entendiendo que la misma estaba justo al lado de la humildad. En las contadas veces que me habían llamado maestro siempre había mirado hacia abajo, reconociendo que ese título estaba reservado para otros, aunque había expresado con absoluto desparpajo que nunca sería un maestro, porque somos alumnos hasta la muerte. El orgullo propio de los seres humanos nunca se dejaba morir, se había expresado en mis ambiguas divagaciones en las que solo yo era el mejor del mundo, creando tremendas guerras contra mi mayor enemigo. Cuando vagabundeaba por las afueras de la ciudad, y la comida era una simple patata hervida, más irradiaba mi buena suerte, auto convenciéndome, sabiendo que era un solo paso, un paso para llegar a allí, una situación intimista con mis vergüenzas. Dándome cuenta que las necesidades humanas son virtualmente imposibles con una aptitud negativa. Nunca me rendí. Con la lejanía que da el tiempo, redescubrí que los manjares de la vida son más intelectuales que terrenales. Cuando me encontraba en medio de una tormenta daba gracias por que un árbol me resguardará la cabeza. Simples pasos recorrían el caminó, recompensas diarias por subir la montaña, disfrutando los sueños, aunque la alterada respiración algunas veces nos haga incómodo el paseo, intentando no pensar en la agonía de llegar a la cumbre.


En cualquier sitio creaba mi forja, con unas piedras hacia el regazal, la forja pasaba por distintas tonos, trabajaba más fácilmente el acero sabiendo que su amalgama de colores era inmensa. Las coloraciones pasaban del color paja, al azul violeta, llegando a temperaturas de trescientos grados siempre por el incansable oxígeno que entraba intermitentemente por la boca del fuelle. Pasaba del color rojo parecido al brillante atardecer del sol, distinguiendo, solo para ojos del experto, el rojo tenue del rojo blanco, pudiendo llegar a los mil cuatrocientos grados. El forjado ideal se llevaba a cabo cuando tenía un hermoso rojo cereza que alcanzaba la no despreciable temperatura de mil grados, esta gama de colores inapreciable para la mayoría, era para mí el más bonito arco iris. Al principio cuando no había asimilado la sabiduría del acero se me tornaba quebradizo por una técnica errónea en el enfriamiento, demasiado rápido aumenta al máximo la dureza del metal pero se rompía con facilidad. El tratamiento térmico era uno de los factores que determinan el grano del acero, en los cuchillos el grano solía ser fino, porque aumentaba la retención del filo y mejora el acabado final de la navaja. Algunas veces cuando la dureza era extrema hacía un revenido que oscilaba los doscientos noventa grados. Al hacer un arma de combate el acero era más blando, porque la tenacidad servía para resistir los impactos sin sufrir fracturas y necesitaba ductilidad para deformarse sin romperse. Esta parte era la que determinaba si realmente iba a ser un arma. 


Los pasos para dar alma a un arma eran mágicos, así empezaba a perfilarse, el acicalado dejaba atrás su aspecto basto. La hoja era trabajada por la muela, haciendo los vaceos, filos y terminaciones en punta. Pasaba con locura extrema las muelas y más aún las lijas, pasando del grano grande al más fino, terminando como un espejo. El proceso del pulido evitaba el oxidado y mejoraba el endurecimiento. En el proceso de lima se trabajaban los detalles como la cruz de la espada o los rompe-puntas en las hojas. Cada pisada era como la vida misma, un paso mal dado y podías cambiarla totalmente. El acero desnudo en ese momento estaba preparado para vestirse. Montaba la cruz, el puño de madera, y por el pomo pasaban todas las piezas a través de la espiga de la hoja, la parte final de la hoja se estrechaba para albergar la empuñadura. En las espadas la espiga de la hoja debía ser fuerte, sin ningún tipo de soldadura y ser más blanda que el resto de la hoja. Al finalizar la espiga se remachaba fuertemente sobre el pomo.

Tizona

En cualquier papel ideaba los embellecidos revoloteos que daban lugar al perfilado del puño y de la hoja, cada línea era producto de una trabajosa experiencia que había utilizado durante años, esculpía el hierro y así conseguía darle vida a un objeto inerte. Como un hijo al que mimas y guías en un proceso arcaico y maravilloso. Cada día los círculos concéntricos revoloteaban por las líneas perfiladas como obras de arte. Donde más ojos, sin duda los más inexpertos se fijaban en los bellos dibujos de perros, jabalíes, perdices y hombres con grandes botas, esos bodegones eran vida, prisma de una belleza sencilla y dedicada a las pasiones.



"Un escritor no escoge sus temas, son los temas quienes lo escogen"
Mario Vargas Llosa