domingo, 1 de mayo de 2016

¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?



- ¡Oh! querido Sancho,  ¿qué ven mis ojos?. ¡Allí!  A lo lejos mis Google glass ven lo que parecen ser gigantes.

- Don Quijote, el zoom óptico de las mías,  solo deja entrever lo que son las aspas de un molino. Sin lugar a dudas la inclinación del sol, el trigo amarillo refleja su color y ciega vuestros ojos.

- ¡Imposible! Lo que ven mis ojos son gigantes vestidos de blanco,  sus espadas son altas, de más o menos unos veinte pies. ¿No escuchas Sancho los gruñidos?--dijo don Quijote con voz de enfado.

- Mi señor los rugidos son las muelas de los molinos, que al movimiento de las aspas mueven los engranajes. Es tan leve el sonido que mis viejos oídos no lo llegan a escuchar.

- Mala suerte la mía querido Sancho, mi varita no funciona, los duros achaques que me sobrevinieron me hicieron tropezar encima de ella. Bien sabes que de un solo requiebro de mi muñeca hubiera echo desaparecer a esos malignos gigantes.

- Eso no lo dudo, aunque soy analfabeto, de esos inocentes que saben leer y escribir pero a los que les cuesta discernir las más variopintas situaciones,  no es que me guste presumir de mi ignorancia pero uno con la edad sabe sus limitaciones. Sabía de su amor por los libros de fantasía, de su meticuloso estudio sobre la verdad de Harry Potter y la fuerza oculta de Gandalf en los reinos escandinavos. Sabiendo como dice don Pero Perez ''La mitad veas, la mitad creas'',  quería advertirle que eso no son gigantes son simples molinos de viento, su sed de aventuras está nublando su buena vista.

- No estás hecho para este asunto, cuando nuestras gloriosas gestas se escriban, bien sabes Sancho que nuestras aventuras en el tiempo serán la pasión desmedida de un escritor, sabiendo pues que se suele escribir por habladurías. Nosotros tendremos la gratificación intrínseca de la propia escritura, buscaremos nuestro futuro, déjame y en un minuto te lo demostraré. Que aunque sea sólo con mis puños los venceré.

- Sí, mi señor,  pero lo mejor sería... -- dejándole con la palabra en la boca salió como loco que lleva el diablo, con los ojos ensangrentados, su caballo de acero hizo un surco en la amarillenta cebada. El golpe fue tal que dejó todo su cuerpo magullado.


- Ya le dije yo que eran molinos de viento. --gritaba Sancho mientras montaba a Rucio.

Sus primeras palabras fueron tartamudas revelaciones.

- No, eran malditos gigantes, ellos cambiaron su cuerpo y eran molinos. Os juro que así fue.

Sancho le ayudó a levantarse, no sin dificultad consiguieron montarlo en el destartalado Rocinante, sin más queja siguieron su camino, sabiendo que un mago de la orden de Merlín y su escudero iban surcando La Mancha.

2 comentarios:

Daniel Borreguero dijo...

Jajaja el Quijote 2.0... solo les faltaba estar hablando por WhatsApp!!

Daniel Borreguero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.